Aurelio Fernández
En Puebla existe un clima propicio para que se cometa cualquier tipo de crimen. El asesinato ayer de Meztli Sarabia Reyna, y el gravísimo daño que sufrió su compañero de organización, Pablo Alfredo Barrientos, quien tiene alojada una bala en el cráneo y se debate entre la vida y la muerte, así lo comprueba.

Rafael Moreno Valle es el primer responsable de esta situación: persiguió encarnizadamente a la familia Sarabia, metiendo a la cárcel a Rubén, Simitrio, padre de la víctima fatal y dirigente histórico de la principal organización opositora al gobierno del estado, la Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de octubre, y le siguieron a la prisión la mitad de sus hijos y otros compañeros; prohijó el crecimiento exponencial del robo de combustible y con él la instalación de las mafias prácticamente a las puertas de la capital poblana –-recordemos que su jefe de policía fue detenido por el Ejército cuando daba protección a los huachicoleros, por lo que su secretario de Seguridad Pública, Facundo Rosas, debió abandonar el puesto–; redujo en más de 95 por ciento las agencias del Ministerio Público, dejando únicamente las que tenían menor incidencia delictiva y desanimando a miles de personas a acudir a grandes distancias a presentar las denuncias, todo para maquillar en las cifras el número real de delitos; capacitó y controló a las policías para la represión de los movimientos sociales pero no para combatir los delitos que más afectan a la gente.

Logró, con estas medidas, que Puebla subiera aceleradamente en el ranking de estados donde se roba combustible, hasta alcanzar el primer lugar. Hoy, la tendencia a los feminicidios también tiene un comportamiento inercial, y a medio año ya hay 57 mujeres asesinadas por odio de género. La seguridad de la población es una de las principales preocupaciones de los poblanos, los robos de toda índole ocurren con tal frecuencia que son el principal tema de conversación en todas partes de la entidad. La eficiencia de las instancias de procuración de justicia es deliberadamente mala y sesgada. Mientras se mantienen desde el sexenio pasado 366 presos, procesados y perseguidos políticos sin aplicar la justicia, se libera por falta de pruebas a un reo que, se aseguró, mató, torturó, descuartizó y disolvió en ácido a seis personas; se asegura que este hombre prestó sus camionetas blindadas y dio dinero y otros servicios para la campaña de Rafael Moreno Valle, ahí se explicaría el por qué de su total exoneración.
En este ambiente de enrarecimiento social e impunidad, ayer se presentaron cuatro individuos en el mercado Hidalgo preguntando por Meztli y le descargaron un tiro en el abdomen, otro en la nuca, y dispararon contra Pablo Alfredo, quien se encontraban con ella. Sicarios profesionales, sin duda. Dejaron un papel diciendo que el que seguía era Simitrio; más que una amenaza. ¿Quiénes fueron; quién fue? Dudo que las autoridades encuentren a los culpables, pero ellas son las responsables de hacerlo. Lo cierto es que esta irrespirable atmósfera de miedo tiene en hechos como éste su explicación. Aunque yo señalo sin ambages a Moreno Valle como el responsable de esta situación, Antonio Gali es quien debe dar la cara por ella, y su secretario de Gobierno, Diódoro Carrasco, heredado por el anterior gobernador, no puede hacerse a un lado.
Meztli tenía 42 años, tres hijos, uno de 15, uno de 11 y otro pequeño. La semana pasada la vi en casa de los Sarabia, donde Rubén purga una injustificable condena en la modalidad de prisión domiciliaria. Los fuimos a visitar en ese departamento de interés social en el que también vivía ella, la saludé al salir con su hijo pequeño rumbo al mercado. Pablo Alfredo se fue a un hospital privado, porque, a decir de la organización, le negaron la atención en el hospital de traumatología General Rafael Moreno Valle –inaugurado por el anterior gobernador y hoy aspirante a la Presidencia de la República con grandes fastos y en compañía de Peña Nieto–, aunque versiones extraoficiales del gobierno actual niegan esta versión. La Fiscalía del estado pone entre sus líneas de investigación el narcomenudeo, una acusación hecha sin pruebas desde hace años; los otros sicarios, lo de la tecla, dan por hecho esta versión, y los bots salieron casi al mismo tiempo que apareció la noticia en el portal lajornadadeoriente.com a dar esta versión por cierta acusando a Meztli de ser la culpable de su propia muerte; por cierto, investigar a estos bots sí es una línea seria para la Fiscalía, pero no hablan de ella.
Es demasiado. No debemos tolerar el nivel al que han llegado las cosas.