Toda epidemia es un cruce de determinaciones naturales y sociales. Analizar la de COVID 19 necesita captar los puntos de ese cruce: la depredación de la naturaleza y el desmantelamiento sanitario confluyen con el “poder de un virus con una mutación sin vacuna” y “desconocido” o no suficientemente analizado en su propagación efectiva: extensión, intensidad, agentes portadores, grupos más vulnerables y, nuevamente, medidas de prevención, mitigación, contención, tratamiento, eliminación de la enfermedad y atención a sus consecuencias biológicas, sanitarias, de organización, económicas , políticas y sociales.

Su origen en China, 2019, es una fábrica y mercado gigante del capitalismo global con capacidad imperial y en fuerte competencia con otros estados nación del mismo capital global, el principal: Estados Unidos.

China además es un lugar de articulación de culturas y modernas con hegemonía modernizante en sus intercambios con el mundo, pero con acendradas prácticas de relación con animales, incluida su alimentación. Esto no excluye que otras prácticas de relación “modernas” en el planeta,como la intensa explotación industrial de carnes animales y sus derivados, tengan fuerte influencia sobre los ecosistemas y repercusiones sociales.

Las respuestas a la epidemia y luego pandemia, se hacen primero y principalmente desde los Estados- Nación, con sus bloques históricos dominantes y subalternos, así como de sus regímenes particulares, aunque los cruce y domine el capital global monopólico y financiero, no obstante haya organismos reguladores mundiales como la OMS, y demás subespacios de las Naciones Unidas (cuyas recomendaciones no son necesariamente aceptadas por las empresas gigantes y los gobernos. Los Estados Nación capitalistas actúan primero sobre los recursos económicos y políticos amenazados por la pandemia y sobre esa base buscan su articulación con el Banco Mundial, el FMI, y las transnacionales químico farmacéuticas y sus espacios de resolución inmediata de medicamentos, investigaciones, equipos y vacunas.

Es en la economía ,como expresión concentrada del poder entre las clases y los Estados, donde se agudiza la contradicción social del desastre natural y social de esta pandemia. Es una economía confrontada por la ley de decrecimiento de la tasa de ganancia que el capital ha intentado “sortearse” o administrarse con reducciones a los salarios y el gasto social (claramente en salud, sanidad, educación y cuidado del medio ambiente), por la migración masiva internacional, las guerras y megaproyectos de saqueo o despojo de recursos, el abaratamiento por feminización de la fuerza de trabajo y la aplicación masiva de capital ficticio (la llamada financiarización de la economía,su especulación monetaria, lavado de dinero y casinos de los mercados bursátiles, todos sin el respaldo de mercancías como bienes y servicios reales y útiles para la vida).

En ese campo capitalista que se ha llamado salvaje y siempre violento, compiten los viejos y nuevos Estados Nación imperialistas, lo que dificulta o hace muy lenta la aparición de un acuerdo político mundial ante la suma de crisis que se detonaron con el coronavirus en 2019.

La reproducción del capital lleva a priorizar en cuanto a salud y derechos sociales y políticos, el que los segundos se restrinjan con medidas policiales, militares y tecnología de control de información, movilidad y expresión para los pueblos. Pero en cada país la lógica del capital se enfrenta a la lógica de la correlación de fuerzas sociales en lucha. La crisis en ningún lugar puede ser resuelta de manera idílica, y hasta los pactos que intentan algunos gobiernos son cuestionados por fuerzas al interior o desde el exterior.

A diferencia de una guerra, ante una epidemia, los Estados y sus gobernantes están obligados a buscar salidas capitalistas de aparente bienestar de la población, poniendo la disputa en lo inmediato entre atención sanitaria de crisis (cuarentena prolongada, reconfiguración del sistema de salud, transporte y alimentación) o la atención al paro de la producción y el comercio, al empleo y los ingresos, al consumo y a la inversión o apoyos a las empresas que destruye la lógica del capital. La contradicción inmediata es entre defender la vida o defender el movimiento incesante de la economía capitalista. Es una crisis del sistema.

¿Cuáles son los escenarios que hay que construir en la lucha de los pueblos trabajadores durante esta crisis social, sanitaria, económica y de civilización? ¿En qué puntos del cruce natural y social de esta epidemia y esta crisis, se puede defender la vida y articular una fuerza con iniciativa anticapitalista, antifascista y antipatriarcal? Son preguntas que nos hacemos para un mejor análisis del periodo y la coyuntura y para decidir el quehacer de nuestro tiempo desde una estrategia de construcción del poder de los pueblos.