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Alberto Híjar Serrano.

Una tesis de Althusser afectó el triunfalismo de las doctrinas revolucionarias seguras y confiadas en el triunfo seguro porque la historia se planteaba como trayectoria del Hombre a la Libertad, la Justicia, la Verdad. Gramsci ya había advertido desde la cárcel, el peligro de creerle a Benedetto Croce con su obra La Historia como hazaña de la libertad en pleno ascenso del fascismo.

Había que salirle al paso a los humanismos ocultadores de la lucha de clases, advirtió Althusser en los setenta. Erich Fromm lo excluyó de un libro sobre el humanismo por sostener la historia sin teleología, sin finalidad ineluctable. No hubo más aplicación del planteamiento a las formas de representación artística, que la convocada en la década siguiente por Nikos Hadjinicolaou, autor de la escandalosa Historia del arte y lucha de clases, al convocar a un coloquio sobre la popularidad del cuadro épico de Delacroix "La Libertad guiando al pueblo". El cuadro es constantemente reproducido en objetos y publicaciones franceses. En la Estación Sur Taxqueña de autobuses foráneos del Distrito Federal, un tosco mural recoge la alegoría que en 1968 y en el Festival de Avándaro de 1971, reprodujeron sendas jóvenes con los pechos al aire en medio de la multitud, la primera, con una bandera roja en alto. Una épica revolucionaria y rebelde necesita darle orientación al ánimo colectivo y no siempre lo hace enarbolando sujetos como el Che o Zapata.

Quedan restos del realismo socialista exigido por la Unión de Escritores y la Academia de Ciencias de la URSS para alentar la representación de poderosos obreros y campesinos vencedores de burgueses panzones y grotescos. Cuando en 1940, el Taller de Gráfica Popular expuso en la URSS, fueron recriminados sus grabados con obreros y campesinos dolientes por explotados y masacrados. Desprendido de la LEAR por Pablo O´Higgins, Leopoldo Méndez y Luis Arenal, el taller de gráfica con mayor impacto nacional e internacionalista, nació y creció al servicio de las luchas populares y de la reflexión histórica. El uso del linóleo como soporte, permitió la urgencia y la crítica en colectivo como saber democrático profundo. De aquí su articulación con proyectos murales para instituciones públicas, sindicatos y edificios rurales ahí donde llegaron las Misiones Culturales del cardenismo para transformar el misticismo vasconceliano en orientación contra caciques, cristeros y acaparadores sin que faltara la figura de Lázaro Cárdenas como una especie de dios padre a la manera del Stalin de la propaganda soviética anti nazi y del Tío Sam de la propaganda yanqui. La historia con sujeto disminuye la importancia del pueblo en lucha, por más que Orozco y Chávez Morado hayan representado a Hidalgo sustentado por las teas de los insurrectos. En toda esta producción simbólica, Pablo O´Higgins destacó por su destreza técnica variada para desarrollar proyectos con sindicatos como los de estibadores de Seattle y Hawaii, gobiernos locales asociados con obreros como en Poza Rica y con instituciones estatales como el Seguro Social, Talleres Gráficos de la Nación, el Teatro de Morelia. Aquí sintetizó en la figura de Martín Garatuza, personaje de la novela del polifacético liberal Vicente Riva Palacio, lo mismo guerrillero que hombre de Estado, el homenaje a los combatientes disfrazados para las tareas revolucionarias, Garatuza cubierto de listones coloridos de una danza indígena para mejor luchar por Tenochtitlán Libre. En el auditorio dedicado a la expropiación petrolera de la Escuela de la colonia Michoacana para trabajadores, O´Higgins cubrió los muros con la épica de los trabajadores del petróleo, los maestros, los campesinos, los burgueses del Imperio y sus sicarios asesinos, los soldados del lado del pueblo cuando algo quedaba de su origen revolucionario, con la inclusión de la ternura como descanso de un obrero tendido viendo el partidito de futbol llanero. La historia sin sujeto, sin Cárdenas, como épica de los trabajadores.

 Ajeno al tono apocalíptico de Gran Señor abominado por Kant y Derrida O´Higgins narra sin estridencias pero con acentos ejemplares cuando es necesario como en Talleres Gráficos de la Nación donde pinta un fusil envuelto en la bandera roja flameante. En la reinstalación del mural en la Facultad de Derecho de la UNAM, un trabajador con buen sentido, colocó este fragmento en el pasillo de un salón de exámenes profesionales frente a otro con la Constitución de 1917. Justa alegoría de la obra intervenida del comunista que nos llegó de Estados Unidos para quedarse como prueba de la excepción y la regla propia de la dialéctica histórica sin sujeto ni finalidad metafísica. Todo esto a propósito de la exposición de bocetos de murales de Pablo O´Higgins en el museo donde está el mural de Diego Rivera sobre la Alameda Central de la Capital de México como testimonio de la entrañable relación de dos trabajadores de la significación del lado de los trabajadores del campo y la ciudad.

 11 diciembre 2015       

Categoría: Análisis
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