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Por Roberto Pineda
 
Ante la ausencia del FMLN y de un movimiento popular movilizado, Bukele privilegiara su alianza con sectores de la oligarquía
Los logros del presidente Bukele (neofascista) y su partido Nuevas Ideas (NI, cuyas "ideas" no tienen nada de nuevo) han sido posibles a partir de dos elementos: un indiscutible respaldo popular y un profundo desgaste del sistema de partidos políticos surgidos de los Acuerdos de Paz de 1992.
Los resultados de las elecciones legislativas y municipales de este 28 de febrero, constituyen un golpe a la yugular del actual cuerpo político y el quiebre de su columna vertebral, los partidos ARENA (derechista) y FMLN (socialdemócrata).

Los resultados para la Asamblea Legislativa son los siguientes: Nuevas Ideas: 56 diputados, ARENA: 14, GANA: 5, FMLN: 4, PCN: 2, PDC: 1, Nuestro Tiempo: 1 y Vamos: 1. Además NI gana 13 de las 14 capitales departamentales, incluyendo la capital, San Salvador.
La derrota electoral de ARENA y el FMLN ya era una decisión tomada por los sectores populares, pero postergada por el calendario electoral del orden oligárquico.
Tanto ARENA como el FMLN son barcos que fueron golpeados por la furia huracanada del rechazo popular electoral, y lo irónico del caso es que cumplieron el triste y difícil papel de -vía control del TSE- organizar unas elecciones "limpias y transparentes" sabiendo de antemano que organizaban su propia derrota.
En el caso de ARENA, como derecha política, debe decidir si dar la batalla por la sobrevivencia luchando o pensar que solo puede salvar su vida logrando previsibles arreglos con el nuevo poder.
Lo segundo es más rentable económicamente que lo primero y probablemente prevalecerá como criterio, incluso si es necesario sacrificar uno que otro chivo expiatorio.
En el caso del FMLN, como centro-izquierda política, enfrenta la disyuntiva de permitir –como en el pasado reciente- que la inercia le resuelva su golpeada identidad o de evaluar que únicamente puede sobrevivir a este naufragio, aferrándose -rápida y autocríticamente- al trozo de madera del debate y la organización y lucha popular.
Lo primero es más conocido que lo segundo y probablemente prevalecerá, afectando aún más la credibilidad de este sujeto político. Y ojala pueda romperse a futuro el vínculo político con ARENA que fue una de las principales razones del rechazo popular.
En síntesis, en el plano político, la contradicción principal es entre el orden burgués emergente de Bukele, representado por NI, y el orden oligárquico vencido pero no derrotado, simbolizado por ARENA, que con 14 diputados tratará de encabezar la oposición política al régimen autoritario y populista del presidente Bukele.
A continuación repasamos la actual correlación de fuerzas, los diversos mensajes derivados del evento electoral y concluimos con algunas reflexiones sobre los desafíos para enfrentar el naufragio de la izquierda salvadoreña.

La actual correlación de fuerzas sociales y políticas

A partir de la desafortunada expulsión de Nayib Bukele del FMLN en 2017, este comienza a ensamblar un proyecto político que de manera ascendente ha venido acumulando fuerza social y política, y que se expresa en 2019 en la conquista de la presidencia y hoy en esta arrolladora victoria electoral.
La cual fue también lograda poniendo los recursos del Estado descaradamente al servicio de NI y desafiando abiertamente la legalidad electoral vigente, y que ahora le permitirá el control de Asamblea Legislativa y la mitad de alcaldías del país. Bukele de manera subversiva se burló de la legalidad oligárquica y garantizó su triunfo.
Por otra parte, inicia a partir de 2019 un enfrentamiento social encarnizado entre Nuevas Ideas y su bloque de poder emergente y la vieja oligarquía, que ve desafiada su dominación ancestral y reacciona airadamente mediante sus instrumentos políticos (ARENA), mediáticos (TV y prensa mayoritaria), ONGs (FUSADES, ESEN) y gremiales (ANEP, CCIES). Probablemente en esta guerra social, la siguiente batalla será contra la patronal ANEP y su emblemático presidente comerciante, Javier Simán.
Los logros del presidente Bukele y su partido NI han sido posibles a partir de dos elementos: un indiscutible respaldo popular y un profundo desgaste del sistema de partidos políticos surgidos de los Acuerdos de Paz de 1992. Hoy Nayib Bukele y su proyecto político Nuevas Ideas controlan una parte sustancial del Estado: la presidencia y con esto buena parte de la Fuerza Armada y la Policía Nacional Civil, la Asamblea Legislativa, y la mitad de gobiernos municipales.
A partir de esta victoria legislativa y municipal, NI se coloca en una situación de ventaja estratégica que difícilmente podrá ser revertida a corto plazo, y que seguramente le permitirá continuar el proceso de desmontaje del viejo sistema político y construcción de su propio modelo, de naturaleza populista y autoritario.
Incluso si el gobierno estadounidense de Biden adoptara una posición de beligerancia frente al presidente Bukele, como sueñan las fuerzas de la oligarquía opositora -debilitadas pero no totalmente vencidas- esto vendría a fortalecerlo. Es más, hasta una actitud reservada de EEUU frente a Bukele vendrá a consolidarlo más que afectarlo, ya que le dará internacionalmente un aire de "independencia" frente al imperio.
En Nuevas Ideas y en la cabeza de Bukele parece predominar la idea que la mejor defensa es el ataque –ese es su estilo personal- así que la próxima plaza a ser conquistada –mediante ya sea su neutralización o incluso apoyo- será la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía.
Al lograr este propósito todas las piezas del ajedrez del nuevo sistema político de naturaleza populista y autoritaria estarán en su lugar. Entonces su problema va ser la de la ausencia de un enemigo a quien enfrentar y seguramente el enemigo se volverá interno.
A partir del 1 de mayo de 2021 el proyecto de NI deberá garantizar, para mantener su viabilidad, principalmente el respaldo popular mediante iniciativas que colaboren en un mejoramiento de la calidad de vida de los sectores populares, que son su principal base de apoyo. Asimismo necesitara, en el marco de la crisis provocada por la pandemia del coronavirus, incentivar la economía.
Y garantizar que la delincuencia pandilleril continúe férreamente controlada (mediante acuerdos con sus líderes, lo que no está ni mucho menos garantizado). Y si a esto le agregamos una dosis de teatralidad -de espectáculo, en que es especialista- puede confiar en el avance de su proyecto.
Pero además deberá resolver el crítico problema de su continuidad en el tiempo, ya que en la actual constitución no existe la figura de la reelección, y Bukele llega hasta el 2024. ¿Quién le sucederá en el trono?

Los mensajes derivados del evento electoral

Este 28 de febrero deja muchos mensajes tanto para las fuerzas sociales como políticas. Enseña que la población ha realizado un aprendizaje del uso independiente de su fuerza electoral, lo cual sin embargo no refleja un alto nivel de criterio político. Veamos los mensajes principales.
Para la derecha oligárquica, los resultados le señalan que su desplazamiento del poder político iniciado en 2009 con la victoria del periodista Mauricio Funes del FMLN, se prolonga en el tiempo. Están fuera del aparato de estado y lo seguirán estando.
Para la centro-izquierda aglutinada en el FMLN, que como sujeto político debe entender que no es propietario de la voluntad popular, y que los sectores populares, la gente, son un ente crítico. Son hasta tristes las expresiones de algunos que califican estos resultados electorales como expresión de la "estupidez de la gente." Así como de otros que lo ven como un revés temporal, coyuntural, "una moda."
Y más preocupante que otros confíen que sea el gobierno de Biden el que se encargue de enfrentar la "dictadura" de Bukele y "restablecer" la democracia en el país. Y peor aun los "izquierdistas" que hoy asumen y divulgan por redes las opiniones de los intelectuales de la derecha oligárquica.
Lo que existe es la necesidad de reasumir la lucha social por la emancipación y redefinir el papel de lo electoral en la construcción de poder popular.
Para Nuevas Ideas y Nayib Bukele, ojala que no crean que este sea un cheque en blanco, porque muy pronto se van a decepcionar. Lo que la gente les dice es lo siguiente: les entregamos esta cuota, nuestra confianza y respaldo para que lo usen a nuestro favor. No nos vayan a defraudar, 'please'.
El mensaje para el movimiento popular: la ausencia o presencia de un movimiento popular que construya poder popular definirá el perfil de gobierno que realizará Nayib de aquí al 2024. Ante la ausencia de un movimiento popular movilizado privilegiara su alianza con sectores de la oligarquía y afectará a sectores populares para enfrentar la permanente crisis.
Si no hay quien le pase la factura a Bukele por la cena, este se irá seguramente sin pagar. Si no enfrenta un movimiento popular que le haga demandas, se verá libre para golpear sabiendo de antemano que no habrá respuesta. Debe Bukele saber que posiblemente habrá respuesta y que será contundente.
Asimismo debemos cuidarnos de una visión sectaria que descalifique a ese millón y medio de personas que hoy respaldan a NI, cuidarnos del lenguaje injurioso que nos aisla, y saber que nuestra tarea como izquierda es la de garantizar que realicen en la escuela de la lucha su aprendizaje político.
El naufragio electoral, político, ideológico y ético de la izquierda salvadoreña. Quo vadis FMLN?
El FMLN como partido de centro-izquierda atraviesa una crisis múltiple y aguda, con cuatro componentes principales: electoral, político, ideológico y ético. Una comprensión unilateral de esta crisis le ocasionara más problemas que soluciones. Por otro lado, debemos de sacar lecciones de esta gran derrota. Repasamos cada uno de los componentes de esta crisis.
A nivel electoral el FMLN perdió su voto duro, el que le permitía enfrentar cualquier evento electoral con la confianza que representaba un segmento significativo del electorado. Pero desde 2012 existe una tendencia a la baja y hoy con estos resultados, la vía electoral como opción de futuro parece agotada.
Hoy electoralmente el FMLN ocupa un humillante cuarto lugar, después de NI, ARENA y GANA. Y ojala que la reducida fracción legislativa electa no se convierta en fuerza de apoyo de ARENA sino que sepa con posiciones firmes e independientes, ganarse el respaldo popular.
A nivel político perdió su cuota legislativa y municipal. Y esto hace que en el marco del sistema político vigente, o sea en la lucha parlamentaria, se vuelva una fuerza marginal e irrelevante. Por otra parte, a lo interno, hay voces que piden la renuncia de esta dirección, lo cual creo que sería un grave error. Lo mismo pretender desde una visión legalista que una reforma de estatutos solucionara un problema que es político.
Sobre todo por el abandono de la militancia realmente de izquierda, la de la calle, la sindical, la barrial, la que llevaba el mensaje revolucionario a la mayoría pobre de la población, la que conseguía que saliera a la calle a luchar contra las derechas. Desde la firma de los acuerdos de Paz, y sobre todo desde que ganó la presidencia, el FMLN se negó a dos cosas: sacar a la gente a la calle para apoyar sus políticas (por creer en las instituciones de la democracia burguesa más que la derecha) y darle cuotas de poder a los jóvenes (para impedir que desplacen a los aburguesados ex-oficiales de la guerrilla).
Pero hay que pautar un calendario para definir debate sobre rumbo estratégico, que podría concluir a nivel FMLN en un nuevo congreso, y a nivel amplio en un gran encuentro de la izquierda.
A nivel ideológico, no hay un rumbo claro y durante este último periodo se ha sumado a la tesis de ARENA de -como criterio principal- la defensa de esta democracia liberal. Pero a la gente esta democracia liberal capitalista le resulta irrelevante, no le resuelve sus problemas.
Lo que la gente busca es la esperanza de un empleo decente para mantener a su familia, con educación y salud gratuita y de calidad. Si solo hace debate sin lucha popular, terminara aislándose mientras que si solo hace lucha popular sin definir rumbo, terminara en el reformismo.
A nivel ético, la actuación de su dirigencia al adaptarse al sistema vigente y negarse a impulsar los cambios prometidos, provocó la pérdida de la confianza popular y esta es de difícil recuperación.

Conclusiones
Al cruzar este río electoral de febrero de 2021 la izquierda salvadoreña ha entrado en territorios peligrosos y desconocidos. Y la única brújula que le permitirá reagrupar sus fuerzas y recuperar la confianza popular perdida, es el compromiso real -no de palabra- con la organización y la lucha popular.
Y para esto necesita recuperar el espíritu autocrítico. No solo basta el muy parcial relevo generacional ocurrido en 2019. De no hacerlo y de continuar con el mismo discurso de confrontación sin proponer medidas progresistas, los resultados de mayor aislamiento político son previsibles, como lo fueron desde el 2018, cuando perdió la presidencia.
Bukele va intentar mantener a la izquierda aislada de la lucha popular, y puede lograrlo en la medida que lo electoral siga siendo el eje principal sobre el que gire la conducta del FMLN.
Han pasado tres años desde el 2018 y parece ser que el mensaje popular de la necesidad de renovación –de rostros, de discurso y de práctica política- sigue sin escucharse. El peligro es el de convertirse en una secta, simbólica pero políticamente irrelevante. El desafío es el de renovarse, crecer y avanzar.

Alai. Anotado por La Haine

Categoría: Análisis
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