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Es un hecho evidente el que, en nuestros días, el capitalismo es un sistema que domina todos los rincones del mundo, lo que significa que el conjunto de los grandes consorcios y monopolios transnacionales se han apoderado del mercado global y que la clase obrera, hoy más que nunca, está constituida por el obrero global. Ya no se trata del conjunto de obreros que configuran al obrero colectivo en una fábrica, ni siquiera en un país, sino DEL CONJUNTO DE OBREROS COLECTIVOS NACIONALES, que ahora configuran a un TRABAJADOR GLOBAL.

Las ideas planteadas en el Manifiesto Comunista, de un capitalismo voraz que derrumba todas las fronteras son ahora una realidad.

Visto de una manera simplificada El capital transnacional ha logrado universalizarse a través de dos mecanismos: Uno es el capital financiero, principalmente en su forma de Inversión Extranjera Directa, IED, en los países tercermundistas que por sus propias razones históricas fueron incapaces de un desarrollo capitalista «nacional» relativamente autónomo. En estos países la IED llegó a impulsar el «desarrollo» apoyados en tecnología de punta, tanto en la producción como en el mercado (publicidad).

El otro mecanismo es la deslocalización del proceso de trabajo, sobre todo a partir de la maquila, separando en el espacio y en el tiempo la producción de mercancías con el pretexto de la «especialización».

Por poner un ejemplo una computadora, armada en el «Sílicon Valley» de Guadalajara, sólo lleva un poco de mano de obra mexicana: Los circuitos se hacen en Taiwán, los tableros en Malasia, los chips en la India, la carcasa de plástico en China, la pantalla en Vietnam y se arman en Guadalajara o en Ciudad Juárez.

Así en muchos de los casos, las empresas transnacionales instalan sus fábricas, o contratan la maquila de sus productos intermedios, en países donde el salario es más bajo que en sus países de origen, disminuyendo sus costos y aumentando sus ganancias.

Uno de los efectos inmediatos de este proceso de universalización del capital es la incidencia que ha mostrado sobre la lucha de clases primero y luego sobre el propio proceso de reproducción del capital.

En un primer momento, las empresas sacan su proceso de producción de sus países de origen en los que, históricamente, los trabajadores han conquistado una serie de prestaciones y salarios relativamente buenos, para llevarlos a otros países con salarios y prestaciones más bajas o nulas para aumentar su margen de ganancia, como ya antes se señaló.

Es decir que quitan materia de trabajo a sus propios obreros y por lo tanto debilitan su capacidad de lucha.

En un segundo momento esta política de producción generalizada y a escala global tiene un efecto «boomerang» sobre la reproducción del capital, ya que se produce una reducción del ingreso entre los trabajadores y esta reducción se traduce en una reducción de la demanda solvente, es decir de la capacidad de compra de sectores muy grandes de la población.

Esta reducción generalizada del mercado en los países capitalistas, principalmente en los de mayor capacidad de consumo, explica en gran medida el porqué de la recesión capitalista global.

Así por ejemplo, la producción norteamericana de ropa, de autos, de computadoras, de enseres domésticos, etc., se transfiere a los países tercermundistas y retorna a los Estados Unidos como productos terminados.

Sólo que, como disminuyó la capacidad de compra, la mercancía tardará más tiempo en venderse y con ello se presenta la recesión, es decir una baja en la actividad económica.

Como los negocios no son suficientemente buenos hay que mejorarlos y hay un solo camino: reducir la porción del trabajador mundial en el fruto de su propio trabajo.

Lo anterior explica el porqué de la ofensiva generalizada contra el trabajador global y ponen en el orden del día la consigna del Manifiesto: «trabajadores del mundo uníos».

Hoy más que nunca a organización desde debajo de los trabajadores debe derrumbar las barras impuestas por los capitalismos nacionales y reconocer en todos los pobres del mundo a los propios hermanos y cantar en el mundo: De pie los pobres de la tierra/De pie los esclavos sin pan…// Y retumba en su centro la tierra.

* Artículo de Urel Arechiga nuestro PP,publicado en elnúmero 107 diciembre 2012. A dos años de su partida.

Categoría: Editorial
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