En los dos últimos años, Enrique Peña Nieto ha prometido que se recuperaría el poder adquisitivo del salario, esto a partir de las protestas populares y de

algunas cámaras empresariales ante la alza de precios desatados por el gasolinazo y la caída del peso ante el dólar. Al inicio de este año se creía que esa promesa planteada en diciembre pasado de que para abril o para mayo habría un aumento más al salario mínimo que se sumaría al anual y lo acercaría de 88 pesos a la cifra mágica, pero absolutamente insuficiente de 100 pesos, cuando una familia media necesita alrededor de 400 pesos diarios para obtener una canasta básica recomendada.

 

La última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) arroja realidades: 64 por ciento de la fuerza de trabajo que tiene un empleo remunerado (sector formal e informal) percibe hasta tres salarios mínimos (o el equivalente a 7 mil 200 pesos mensuales cuando se realizó la ENOE), al sumarle los que ganan más de tres y hasta cinco salarios minimos llega al 77 por ciento (12 mil pesos). Es decir, en México, la inmensa mayoría de la fuerza de trabajo recibe un salario que no alcanza a una persona para sobrevivir, ya no se diga para vivir dignamente. En la actualidad, el salario mínimo lo reciben casi 8 millones de personas es un salario de hambre desconectado de su función (reproducir la fuerza de trabajo) en una economía capitalista.

 

De lengua me como un taco

A finales de mayo el Banco de México, la secretaría de Hacienda y la del Trabajo coinciden con los charros sindicales en que no es conveniente tal aumento. ¿Será que ya no ven necesario aumentar salarios para asegurarse votos para el PRI? Más bien a los candidatos y sus partidos no les importa lo que pase a los trabajadores del campo y de la ciudad, menos aún a las comunidads indígenas. Ellos compiten por las millonadas de dinero para campañas que permitan convencer con regalos y programas oficiales a grupos de votantes, además del pago a su amplio personal coordinador de brigadas, de activistas, mapaches y contrabandistas de la propaganda del cochinero electoral. Ejemplos: Prospera, que dice atender a casi 25 millones de mexicanos, así como la dirección general de Participación Social, el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) y siete delegaciones de la Sedesol contaron los primeros meses del año con 53 por ciento más recursos que en 2017, al pasar de 28 mil 895 millones de pesos a 35 mil 718 millones, indican datos de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza. Y en la Sedatu, encabezada por la maestra de las estafas, Rosario Robles, en 10 rubros el aumento presupuestal en el primer trimestre fue de 127 por ciento en promedio, pero en la Coordinación General de Modernización y Vinculación Registral y Catastral el incremento fue de 3 mil 721 por ciento, al pasar de 3.6 millones de pesos a 137.7 millones, la Dirección General de Comunicación Social pasó de 54.4 millones de pesos a 138 millones, 153 por ciento más, y la Dirección General de Organización Social y Vivienda Rural, creció de 32 millones de pesos a 75 millones de pesos, 130 por ciento más.

 

La misma historia en ramas de punta

El caso no afecta sólo a los trabajadores más pobres que son la mayoría (6 de cada 10), sino a los calificados de empresas transnacionales como las automotrices. La discusión del Tratado de Libre Comercio, TLCAN, ha permitido ver que de 1994 cuando se firmó ese mal tratado hasta finales del 2016 todos los trabajadores automotrices de los 3 países han visto caer sus salarios en Estados Unidos de 38.90 a 28. 26 dólares por hora, en Canadá pasó de 34.09.a 26.34 dls. /hora; y México pasó de 6.65 a 3.14 dólares la hora. La cuestión es la desigualdad extrema: 10 veces mejor el pago al trabajo por hora en Estados Unidos y Canadá que en México, aunque sean trabajadores con la misma capacidad productiva en plantas que cuentan con casi idéntico nivel tecnológico. Esto ha hecho que con fines electoreros Donald Trump exija en las negociaciones que se aumenten los salarios de los trabajadores mexicanos de esa rama, mientras que los gobiernos y los empresarios mexicanos se niegan y casi ningún sindicato se arriesga a luchar por ese aumento.

Algo parecido ocurre en ramas transnacionales como la aeroespacial, la químico- farmacéutica, la petroquímica, la energética y la minera. Cualquiera que sea el destino de la negociación del Tratado, México bajo el dominio neoliberal seguirá ofreciendo salarios miserables como vía para atraer la inversión extranjera, desinteresado en el mejoramiento del consumo popular y pendiente de las ganancias para los grandes exportadores e importadores y para los consumidores ricos o de mediano ingreso.

 

Fuga de pollos gordos con huevos de oro Los empresarios con acta de nacimiento mexicana y con familias criollas o cosmopolitas, al contrario de sus “trabajadores no parecen interesarse en más inversiones en México que no sean las de los enormes megaproyectos como el aeropuerto, las inmobiliarias, las alianzas en la explotación y distribución energética. Así entre enero de 2013 y marzo de 2018, personas y empresas mexicanas transfirieron a bancos fuera del país preferentemente a Estados Unidos 113 mil 563 millones de dólares, y sólo poco más de 14 mil millones de dólares regresaron en este sexenio. La cifra de 98 mil 598.9 millones de dólares que no regresó al país equivale a tres cuartas partes del ingreso de divisas por remesas que envían los trabajadores migrantes, que en ese sexenio fue de 133 mil 524 millones de dólares, de acuerdo con datos del BdeM. También es equivalente a 71 por ciento de los recursos captados por exportación de crudo que, según Petróleos Mexicanos, fue de 138 mil 692 millones de dólares entre enero de 2013 y marzo de 2018.

Difícil es calcular las fugas ilícitas de dinero hacia paraísos fiscales por parte de los grandes señores y señoras capitalistas. Y si se suma el drenaje diario de pesos a cambio de dólares que especulan bancos y grandes consorcios el saqueo gigantesco de la riqueza producida o despojada a trabajadores y comunidades en México, se eleva el precio del dólar y de las muchas mercancías que importa el país y desplaza a productos mexicanos lo que crea la carestía que pagan los de abajo.

 

Póngale gasolina para que incendie

Finalmente está la diaria elevación de las tarifas y precios de las mercancías indispensables y corre al lado del recorte del gasto social estratégico en educación, salud y vivienda, pues los servicios, tarjetas de débito, monederos electrónicos y despensas de las secretarías de manipulación social y de los partidos han crecido en este año para comprar o hacer cautivos los votos de los beneficiarios- transitorios- de programas creados para el fraude, la corrupción y la contrainsurgencia. El caso más sentido es el de la gasolina: El costo al público del combustible se incrementó, desde el inicio de 2018, 4.5 veces más que en todo 2017. Cifras oficiales muestran que la gasolina regular subió 29 centavos a lo largo del año pasado (cerró en 16.28 pesos por litro), mientras en lo que va de este año, el primero en que los precios serían determinados sin la intervención del Estado, se elevó a un promedio de 17.94, según datos de la Comisión Reguladora de Energía actualizados. Esto pese a que el gobierno ha tratado de contener el alza de los precios internacionales del crudo con disminuciones en la carga impositiva que los combustibles tienen en México y que para la Magna llega a representar hasta 30 por ciento del costo, dependiendo de la región del país, frente a 17 por ciento que se paga en Estados Unidos. Los impuestos cargados a los combustibles están bajando, pero para los expendedores de la gasolina y para las ganancias extraordinarias que se lleva el negocio de huachicoleros que roban el combustible y lo venden barato a los dueños de gasolineras, que muchas veces son los mismo. ¿Verdad Antorchistas, verdad funcionarios de Pemex?

 

Entonces, lo qué sigue

Si con esto aún hay quien se cree el cuento de que todo está por cambiar y que este régimen caerá por su voto, sí se lo respetan, que los salarios subirán, los precios serán controlados, los banqueros no especularán con la moneda y la deuda, la gasolina será barata, los capitalistas no se llevarán su dinero fuera del país y el Tratado de Libre Comercio o una nueva Alianza para el Progreso respetarán el derecho de mexicanos a vivir dignamente... entonces esas personas tendrán que despertar y ver que la lucha de clases SÍ existe y se agudiza como una guerra contra el pueblo.

En cambio, los trabajadores y comunidades que sólo confían en su fuerza organizada y conciente, mejor se dedican a prepararse y organizarse para pelear por la vida que es la que se le fuga al que no la defiende, al que se conforma con lo que los de arriba decidan e impongan.

La contra-historia de esta violencia capitalista se escribe y cuenta actuando con rebeldía.