Comenzamos  este  2019  honrando  la  memoria   de  quienes  han  muerto  en  la  lucha  y  abrazamos a  quienes  celebran  la  vida  digna  en  las  diversas luchas en Latinoamérica y el Mundo.
En el mundo la peor forma de violencia es la pobreza.  Este  capitalismo  salvaje,  que  destruye todo  el  entorno  necesario  para  la  subsistencia de nosotros  los  humanos.  Sus  discursos  hipócritas sobre el cuidado del medio ambiente en el planeta, del rescate de millones de personas de la pobreza extrema, ese acto legal, pero violento, en  que las riquezas  de  la  producción  -la  plusvalía-  ha  ido  a parar a la minoría en detrimento de la mayoría y también de la naturaleza. Un mundo al revés.

En algunos círculos se habla de los beneficios de este sistema de explotación, sin embargo esto podría ser cierto para algunas áreas muy limitadas, si no fuera que quienes lo dicen son los millonarios y sus personeros. Pero no se habla que también produce codicia, malversación, corrupción, contaminación, enfado, crimen, guerras, pobreza, tremenda escasez y  un  innecesario  sufrimiento  humano.  Hay  que observar la escena completa.
La pobreza, por lo tanto, es una forma de opresión sobre  las  personas  que  carecen  de  los  recursos necesarios para satisfacer las necesidades básicas. Esta  condición  se  caracteriza  por  deficiencias  en la alimentación, por falta de acceso a la asistencia sanitaria  y  a  la  educación,  y  por  no  poseer  una vivienda  que  reúna  los  requisitos  básicos  para desarrollarse plenamente.
La pobreza no solo es una condición de carencias materiales,  lo  es  también  el  carecer  de  ideas  y sentimientos  propios.  Es  decir,  se  induce  a  las personas a repetir lo que los medios masivos de condicionamiento social les dictan.

¿Primero los pobres?
Compleja es nuestra sociedad y nuestro mundo, pero  las  relaciones  sociales  de  dominación imperantes  no  cambian  por  elecciones  de gobiernos,  mucho  menos  por  decreto.  Una verdadera transformación en favor de la clase más oprimida tendrá que ser obra de ella misma; si en el  camino a su  libertad  encontrará  un  gobierno aliado sería muy útil pero esto es algo más que difícil de encontrar. No se es pesimista, solo basta mirar la realidad, las cosas aún no han cambiado y las promesas de ayer, hoy se enfilan por un largo laberinto de  burocracias también transformadas. Nuevas formas, nuevos procedimientos, mismos resultados.
Los pobres queremos un trabajo digno y un salario justo, no asistencia mal llamada social. Queremos atención  sanitaria  en  nuestras  comunidades  y los hospitales con servicios de calidad en donde sean necesarios. Queremos educación en nuestras lenguas,  con  nuestra  historia,  nuestra  ciencia  y para nuestra sed de conocimiento.
No  queremos  esa  vieja  trampa  verbal  en  la que  se  pide  empleo  y  se  prometen  pequeñas subvenciones,  se  pide  salud  y  se  prometen hospitales  sin  personal  ni  medicamentos suficientes,  se  pide  educación  y  se  prometen planteles  educativos.  Como  si  fueran  cosas iguales  y  en  esencia  no  lo  son.  Ese  antiguo truco en que las demandas concretas del pueblo son sustituidas con respuestas abstractas desde el poder.
Al día de hoy para hablar de la justicia para los más pobres se requiere cambiar las relaciones sociales  de  la  dominación,  de  una  profunda transformación, y de una real preservación de la salud del planeta Tierra. Sigue siendo el tiempo de luchar por el sueño de libertad por lo cual es mejor hablar de Revolución.
Actualmente  es  engañoso  hablar  de “crecimiento” basados únicamente en aspectos cuantitativos  con  la  obsoleta  medición  del Producto  Interno  Bruto  (PIB)  pues  en  dicha medición  no  se  cuantifican  los  diversos daños  a  los  ecosistemas  del  mundo  y  a  la misma humanidad. Qué absurdo y criminal es envenenar millones de litros de agua para lograr una pulsera de oro que estará en un aparador un cierto tiempo, mientras en ese mismo período mueren de sed humanos y otras especies.
Así  que  para  poner  primero  a  los  pobres  se requiere  de  acciones  y  organización  distintas a las que prevalecen en este sistema capitalista. Es por ello que muchos de esos pobres somos niñas, niños, mujeres y hombres, somos lgtb, somos poesía, somos lenguaje, somos ciencia, somos mayoría, somos trabajo, somos rebeldía, somos  resistencia,  somos  Pueblo,  somos anti-capitalistas,  somos  organización, somos sueños, somos Revolución.

 

En los dos últimos años, Enrique Peña Nieto ha prometido que se recuperaría el poder adquisitivo del salario, esto a partir de las protestas populares y de

algunas cámaras empresariales ante la alza de precios desatados por el gasolinazo y la caída del peso ante el dólar. Al inicio de este año se creía que esa promesa planteada en diciembre pasado de que para abril o para mayo habría un aumento más al salario mínimo que se sumaría al anual y lo acercaría de 88 pesos a la cifra mágica, pero absolutamente insuficiente de 100 pesos, cuando una familia media necesita alrededor de 400 pesos diarios para obtener una canasta básica recomendada.